Buñuelos de viento, receta de la abuela
Buñuelos ligeros y esponjosos por dentro, dorados por fuera, hechos con la técnica de la pasta choux de toda la vida. Perfectos rebozados en azúcar.

Preparación
20 min
Cocción
20 min
Comensales
6
Dificultad
media
Ingredientes
Para 6 personas · tiempo total 40 min
- 250 mlagua
- 75 gmantequilla
- 150 gharina de trigo
- 4huevos
- al gustouna pizca de sal
- al gustoazúcar, para rebozar
- abundanteaceite de girasol, para freír
Elaboración
- 1
Pon el agua, la mantequilla en trozos y la pizca de sal en un cazo. Lleva a ebullición a fuego medio hasta que la mantequilla se derrita del todo.
- 2
Retira del fuego y añade la harina de golpe. Remueve con energía hasta formar una bola de masa que se despegue de las paredes del cazo.
- 3
Vuelve a poner el cazo a fuego bajo un par de minutos, removiendo, para secar un poco la masa. Retira y deja templar 5 minutos.
- 4
Incorpora los huevos de uno en uno, batiendo bien después de cada uno hasta que se integre por completo antes de añadir el siguiente. La masa quedará brillante y con textura de crema espesa.
- 5
Calienta abundante aceite de girasol en una sartén honda a fuego medio, sin que humee.
- 6
Con dos cucharas, forma pequeñas porciones de masa y déjalas caer directamente en el aceite caliente.
- 7
Fríe los buñuelos en tandas pequeñas 4-5 minutos, girándolos para que se doren por igual: crecerán y quedarán huecos por dentro.
- 8
Sácalos con una espumadera, escúrrelos sobre papel absorbente y rebózalos en azúcar mientras aún están calientes.
Truco de la abuela
No abras la sartén de golpe con demasiados buñuelos a la vez: si el aceite pierde temperatura, los buñuelos absorben grasa y no suben bien. Mejor freír en tandas pequeñas.
Estos son los buñuelos de pasta choux, los que quedan huecos por dentro como si estuvieran llenos de aire, de ahí el nombre. La clave está en secar bien la masa antes de añadir los huevos y en no meter demasiados buñuelos a la vez en el aceite, para que mantenga la temperatura y suban bien.
Se comen mejor recién hechos y templados, rebozados en azúcar mientras aún tienen calor para que se pegue bien. Si te sobran, se pueden rellenar de nata o crema pastelera con una manga pastelera, haciendo un agujerito pequeño en un lateral.
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